EDITORIAL

Frente condenado al fracaso

No se necesita ser mago para adivinar que esa alianza amplia democrática propuesta del PAN y el PRD, está condenada al fracaso por la cantidad de intereses que encierra una elección presidencial, además de que carece de un proyecto de nación y sólo está planteada para sacar al PRI del Gobierno, es decir ganar el poder por el poder, o sólo con la intención de “quitarte a ti para ponerme yo”.

Panistas y perredistas tienen grandes diferencias de fondo. No están de acuerdo en muchos temas de la vida nacional, como el del aborto. Históricamente son enemigos, pero parece que nada de eso les importa con tal de ganarle al PRI…y a Morena de Andrés Manuel López Obrador.

Ninguno ha presentado un proyecto de nación ni tampoco se han dado cuenta que el enemigo a vencer no es el PRI ni el Gobierno, sino la inseguridad, el retraso educativo, la pobreza, la corrupción y la desigualdad, entre otros, que son verdaderos problemas que los debería unir para combatirlo, pero, no, eso no les interesa, lo único es ganar el poder, al PRI y a Morena.

Apenas acaban de anunciar su intención de alianza y de inmediato muchos de sus militantes ya se opusieron a ese frente que a todas luces se ve como tratar de unir el agua con el aceite. Presumen que ya han tenido triunfos juntos, pues sí es cierto, pero no dicen que también han perdido, como son los casos de Oaxaca y Sinaloa, que por cierto ya habían ganado y por sus malos resultados los ciudadanos les dieron la espalda, por sus malos gobiernos que hicieron.

Si llevaran a cabo ese frente, el primer obstáculo será la designación de los candidatos a puestos de elección popular, y por supuesto el más importante que es a la Presidencia de la República. Nadie se imagina, por ejemplo, que muchos perredistas puedan levantarle la mano a Margarita Zavala o a Moreno Valle, o que los panistas proclamen como su candidato a Silvano Aureoles, Graco Ramírez o Miguel Ángel Mancera. Entonces ¿quién y cómo nombrarán a su candidato con esas profundas diferencias ideológicas?

En 1988 se formó el Frente Democrático Nacional, que tuvo como candidato a la Presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas, que por poquito le gana a Carlos Salinas de Gortari, aunque para algunos afirman que sí triunfó el ingeniero. Esa alianza tenía una razón de fondo: todos los partidos pertenecían a una llamada izquierda mexicana, pero entre el PAN y el PRD no hay ese lazo de unión, lo único que los junta es su intención de sacar al PRI de Los Pinos.

EDITORIAL

La homofobia vive entre nosotros

El pasado fin de semana, las calles de la Ciudad de México fueron sede de la edición 39 de la que es oficialmente conocida como la Marcha por el Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual, la cual llevó por lema: Respeta mi familia, mi libertad, mi vida. Se reunieron 165 mil personas. La gente estuvo feliz en una manifestación donde el principal objetivo es mostrar que no importa la preferencia sexual que se tenga, todos somos seres humanos y merecemos las mismas libertades.

Un encuentro donde se reunieron personas de distintos ámbitos de la cultura, la política y la sociedad.

Ahí estuvieron embajadores: Roberta Jackobson, la representante de Estados Unidos en México, y Pierre Alarie y Duncan Taylor, embajadores de Canadá y Reino Unido.

Una marcha que se realiza simultáneamente en muchos países del mundo.

En España, las autoridades calculan que cuatro mil personas marcharon por las calles de Barcelona, a la espera de la que falta por realizarse en Madrid, la próxima semana.

En Serbia, cientos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales marcharon por el centro de Belgrado, pidiendo mayor reconocimiento de los problemas a los que se enfrenta la comunidad en ese país conservador.

En Manila, capital de Filipinas, más de mil personas participaron en la marcha anual. El tema de este año fue Here together y tuvo como objetivo fomentar una comunidad incluyente y de apoyo.

Miles de franceses desfilaron, como lo hacen desde hace 40 años por las calles parisinas y festejaron el orgullo gay. La movilización fue apoyada por altos representantes del Gobierno, incluso por el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Este domingo también se llevaron a cabo algunas otras manifestaciones importantes. La más famosa de ellas es la que se realiza en Nueva York, la NYC Gay Pride. También se realizaron en Houston, Chicago, San Francisco, Seattle, Dublín y Oslo.

Centroamérica, una región caracterizada por ser conservadora, vivió también manifestaciones en Costa Rica y Guatemala.

La semana pasada, en Sao Paulo, se juntaron más de tres millones de personas para festejar la diversidad sexual.

Pero la homofobia sigue entre nosotros. En Rusia ser homosexual es un delito que se paga con cárcel, y por ejemplo en Qatar, la homosexualidad es un delito grave que se castiga con por lo menos cinco años de prisión. Si eres extranjero homosexual y viajas a Qatar, el que vayas acompañado implica una pena carcelaria aún más larga, que aquella que se aplica a los locales.

En Qatar se va a realizar el Mundial 2022, ¿se imagina lo complicado que va a ser para las parejas homosexuales que quieran viajar a ver la Copa del Mundo?

Y lamentablemente, esta homofobia también se da aquí en México. Basta con ver lo difícil que es para algunas de las personas de la comunidad lésbico gay, aceptar abiertamente sus preferencias sexuales. Y es que abrirse no está fácil. Todavía en México vivimos en una sociedad profundamente conservadora.

Durante la marcha que se hizo en nuestro país, en las inmediaciones de la Catedral Metropolitana, un grupo de encapuchados se enfrentó con manifestantes defensores de lo que ellos mismos denominan la familia Natural.

Más de veinte integrantes del Frente antigay colgó mantas en contra de la movilización, y un grupo de casi 50 anarquistas, quienes portaban palos de plástico y de madera, llegaron y los enfrentaron con gritos de ¡fuera nazis! y ¡no pasarán!.

Los encapuchados utilizaron palos para agredir a los manifestantes. Por las agresiones en la marcha del orgullo gay hubo siete detenidos, pero no deja de llamar la atención la falta de tolerancia hacia la comunidad lésbico-gay.

Estos encuentros se dan desde hace años en nuestro país. Desde principios de los ochenta, las marchas de la comunidad LGBTTTIQ organizadas en la Ciudad de México fueron más numerosas, pero se enfocaron en la atención con servicios de salud ante la aparición del VIH sida.

La marcha de este fin de semana valió mucho la pena, aunque es lamentable que este pequeño grupo de personas haya querido violentarla. Indistintamente de las preferencias sexuales de cada quien, todos somos seres humanos y merecemos respeto e igualdad.

EDITORIAL

El contrincante a vencer

Después del alzamiento zapatista y del asesinato de Luis Donaldo Colosio, ambos hechos ocurridos en plena campaña presidencial, muchos analistas, antes y después de los comicios, hablaron del voto del miedo como la estrategia utilizada por el aparato gubernamental, para asegurar el triunfo del PRI. En retrospectiva, hoy queda claro que nada tuvo que ver el miedo con el abrumador triunfo de Ernesto Zedillo.

En primera instancia, el que se decía víctima del fraude de la elección inmediata anterior, Cuauhtémoc Cárdenas, quedó en un muy lejano tercer lugar. Extraño si se consideran los ríos de tinta y las voces que quedaron afónicas de tanto alegar que había sido el ganador en 1988 sobre Carlos Salinas de Gortari. En realidad no hubo ningún “fraude”, simplemente la maquinaria priista estaba aceitada a la perfección. Entonces, todavía operaba mejor que ahora el llamado voto verde, el carrusel, el ratón loco, la operación tamal y muchas mañas más.

En 1994, además de que los trucos electorales seguían presentes (hoy también pero los han perfeccionado todos los partidos), Cárdenas no entusiasmó y Diego Fernández de Cevallos fue superado casi 2 a 1 (aunque haya hecho un extraño mutis un par de semanas antes de la elección).

¿Y por qué no fue el miedo el que influyó en los votantes? Pues porque entre PAN y PRD sacaron 15 millones de votos, equivalentes al 42 por ciento; mientras que el candidato del PRI se llevó el 48 por ciento. Por lo tanto, miedo no hubo, los artilujios apenas alcanzaron; y lo que sucedió fue que el voto opositor se dividió.

Hoy, sin embargo, enfrentamos el voto de la indignación; y ése sí que existe en la realidad. El problema es que los votos de castigo casi nunca son racionales. El Brexit es el mejor de los ejemplos. Los ingleses estaban molestos, y muchos de quienes votaron por la salida de Europa pensaron que esta posición no triunfaría, que solamente estarían enviando su mensaje de enojo.

Así pues, no racionalizaron las consecuencias de manifestar su molestia por esa vía y en ese momento. Arrepentidos de su reacción estomacal, trataron de enmendarlo en las elecciones adelantadas de hace unos días, aunque ya fue demasiado tarde.

Y demasiado tarde puede ser también para nosotros, si no tenemos claro quién es el verdadero contrincante a vencer. Seguimos escuchando una verborrea incontenible en contra del PRI; mientras la izquierda radical avanza nadando de a muertito. No se han dado cuenta de que el tricolor ya perdió, que ellos se derrotaron por sí mismos.

Que hayan ganado el Edomex y Coahuila por una nariz, no refleja lo que ocurrirá en la presidencial. Un frente amplio opositor debe ser para vencer no al que está ya en el suelo, sino para que no ganen quienes nos pueden llevar al inframundo del socialismo autocrático. Trabajemos pues para canalizar positivamente el voto de la indignación.

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La división en el CCG

Nuestra región continúa analizando la división que surgió entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) con el fin de aislar a Qatar de sus vecinos de la Península Arábica. Este conflicto contra Al Duha es sumamente confuso e inesperado, tanto, que muchos creen que algo grande se está cocinando. Los gobiernos árabes han reaccionado según sus intereses.

Entendemos que algunos países pobres tuviesen que romper con Al Duha para asegurarse los dólares que reciben de Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Otros rompieron a medias como hizo Jordania al reducir su representación diplomática. Lo sorprendente es que Marruecos enviase dos aviones cargados de alimentos para el pueblo de Qatar. El monarca marroquí Mohammad Sexto (miembro activo de la Alianza La Tormenta de la Firmeza, liderada por los sauditas), envía con entusiasmo comida a Qatar, uno de los países más ricos del mundo. Mientras que en su país el hambre y la emigración están a la orden del día. Además, Sexto nunca se preocupó de enviar nada a otros países vecinos y amigos que están sufriendo una situación catrastófica.

Qatar no es Gaza que sufre un embargo total, incluido el alimenticio, desde hace diez años. Tampoco es Yemen, donde la gente muere de hambre, de cólera o por la guerra. ¿No pensó en los sirios, los iraquíes, los somalíes y una interminable lista de países que merecen cualquier ayuda humanitaria mucho más que Qatar?

Los países que rompieron con la “pequeña península”, hasta hace poco eran “sus hermanos”, como se hacían llamar durante más de tres décadas, principalmente luego de formar el CCG (o como lo llaman algunos el Club de los Ricos). Qatar, con su poder adquisitivo, puede cambiar la ruta de su flota aérea y marina incluso cambiar sus fuentes de importación. Muchos están dispuestos a ofrecerles su servicios como Turquía, Irán, India, China, Israel… una lista de interesados bastante larga.

Qatar no es ni inocente ni pobre. Este pequeño país está involucrado hasta la médula en las guerras de Siria, Irak, Yemen y Libia y su proyecto estratégico es liderar a la hermandad musulmana en el mundo y tratar de crear un nuevo eje en la región, y hasta hace pocas semanas ha sido el cómplice de Arabia Saudita en todos sus “tejemanejes”. Lo que está ocurriendo es un conflicto entre los ricos y no hace falta más hipocresía.

Si algún país quiere ayudar hay gente más necesitada que los cataríes. Lo correcto sería desviar los barcos y los aviones cargados de alimentos hacia Palestina o hacia los campamentos de refugiados sirios, yemenitas o a Somalia, por poner un ejemplo. Éstos son los que se mueren de hambre. Nadie debería intervenir en el conflicto de los ricos del CCG. Tranquilos, si los cataríes no tienen pan para comer, comerán biscuits como recomendó María Antoinette una vez.

EDITORIAL

¿Y la izquierda en Israel?

Los primeros 29 años desde la independencia de Israel la izquierda dominó el panorama político. De la mano de figuras como Ben Gurión y Golda Meir, el Partido Laborista construyó una fuerte socialdemocracia prácticamente de la nada y contra todo pronóstico; además fue esta izquierda la que logró resistir los embates de varios países árabes que buscaban acabar con Israel.

En 1977, después de una serie de crisis económicas y de seguridad, la derecha llegó por primera vez al Gobierno. Sin embargo, entre 1977 y 1995, la izquierda y la derecha se dividieron equitativamente los gobiernos. Dos fuerzas legítimas y con la cantidad suficiente de votos y mandatos para ocupar el mandato. Fue así como después del fracaso de la derecha para detener la violencia, Isaac Rabin llegó al poder a principios de los noventa y, junto con Shimon Peres, lideró el proceso de paz con Jordania y después con los palestinos.

El asesinato de Rabin a manos de un ultra ortodoxo de extrema derecha en 1995 no solamente pondría fin al proceso de paz, sino que marcaría la obliteración de la izquierda israelí. Desde 1995 la izquierda ha ocupado el poder solamente dos años (1999-2000) en los que Ehud Barak sacó a las tropas Israelíes de Líbano. Desde ese año, los resultados de la izquierda han sido abismales. Mucho se ha hablado de cómo Netanyahu, quien desde 1995 ha estado ya 11 años en el poder, ha utilizado sus artimañas políticas para desprestigiar a la izquierda. Mientras en los noventa, la gente orgullosamente se decía de izquierda y los artistas más reconocidos cantaban en las manifestaciones de paz; para muchos la palabra se ha convertido en un insulto.

Sin embargo, gran parte de la responsabilidad reside también en el Partido Laborista; muchos de sus líderes, en lugar de formar una oposición fuerte, entraron a los gobiernos de Netanyahu, quien hábilmente supo ofrecerles puestos importantes y, al mismo tiempo, mantenerlos al margen. En la última elección, Isaac Herzog (líder del Partido Laborista) y Tzipi Livni (de centro) formaron una coalición que estuvo cerca de otorgarles el triunfo en las elecciones. No obstante, de nueva cuenta, el partido no pudo sostenerse como un bloque unificado, y sus riñas internas lo han llevado de 25 mandatos (de 120) a 13 mandatos en las últimas encuestas. Éste es el contexto en el que llega el Partido Laborista a las primarias que se celebrarán en dos semanas. La mayoría de los israelíes están cansados de la corrupción y los juegos políticos de Netanyahu y el campo de la paz tiene claro que Netanyahu es sólo palabras. El problema, dicen muchos, es que no hay alternativa. Ésta es la oportunidad del partido para consagrarse de nuevo como una opción real que sustituya a Netanyahu, de regresar a los días en los que estar en favor de la paz no era motivo de burla, sino de orgullo.

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Otra mentira de Obrador

Una semana de confrontaciones entre Andrés Manuel López Obrador y el expresidente Vicente Fox. Fox le dijo a López Obrador: “Si no el pueblo de México, yo me voy a encargar, yo personalmente, que ese cuate no llegue, porque no queremos otra Venezuela aquí, no queremos más populismo y más demagogia”, apuntó. Fox advirtió que utilizará vías democráticas para hacer frente a López Obrador.

“Yo tengo mis mañas”, exclamó, “con estrategia, con denuncia, desnudando al falso profeta, hablándole a los mexicanos del riesgo que corremos”, dijo. López Obrador furioso respondió: “que se tranquilice porque —advirtió— nadie va a poder impedir un cambio en el país”.

“Él (Vicente Fox) es así y es lo mismo que hace Roberto Hernández, Carlos Salinas, nada más que ellos dos lo hacen en lo oscurito y Fox es un cínico, lo da a conocer, pero es lo mismo que otros integrantes de la mafia del poder”, afirmó el tabasqueño.

Pero no sólo eso, López Obrador cuestionó la economía del país durante la presidencia de Vicente Fox, mismos años en los que él se desempeñó como Jefe de Gobierno.

Criticó a Fox por el endeudamiento que se tuvo en ese tiempo en el país, pero la realidad es que donde hubo un endeudamiento desmesurado y clasificado, para que el pueblo no se enterara, fue en la capital del país.

La economía durante el sexenio de Fox fue estable, sobre todo por los ingresos provenientes por la venta de petróleo, que se convirtieron en el principal colchón. Los recursos por la venta de hidrocarburos representaron cerca de 40 por ciento de los ingresos totales de México.

Esto también benefició las finanzas de la ciudad. Pero además, AMLO tenía mayoría en la Asamblea Legislativa, así que pudo endeudar a la ciudad como quiso, sin rendirle cuentas a nadie.

Para el 2003, el endeudamiento que tenía la ciudad había alcanzado un récord histórico, 41 mil 634 millones de pesos, según la cifra que se encuentra en la cuenta pública del gobierno del entonces Distrito Federal.

El endeudamiento se dio principalmente por la construcción de los segundos pisos.

Pero López Obrador siempre que se le preguntaba decía que el dinero de la obra venía de los impuestos de la gente. No decía que era por medio de financiamiento.

Ese mismo año el propio exjefe de Gobierno dio una conferencia, admitiendo que el gasto de la megaobra sería de 2 mil millones de pesos, provenientes en su totalidad de recursos fiscales. Después tuvo que reconocer que la mayoría de los recursos venían de deuda, incluso en gran medida con el Gobierno federal a través de Banobras.

Para administrar la obra de los segundos pisos y el distribuidor vial de San Antonio y el de Zaragoza, se conformó un fideicomiso denominado: Fideicomiso para el mejoramiento de las vías de comunicación, Fimevic. Este famoso fideicomiso fue un esquema que urdió López Obrador para quitarle atribuciones a la Secretaría de Obras Públicas y, para que Claudia Sheinbaum, ahora delegada en Tlalpan, quien era la operadora de obras públicas, tuviera más margen de acción.

La Asamblea Legislativa en ese momento pidió información sobre el fideicomiso, y lo que recibieron venía en el apartado correspondiente a los recursos de cuenta pública, que decía una leyenda “No Aplica”, pero se contradecía cuando se explicaba la variación del gasto de capital de ese fideicomiso, en el que se reportaba una variación del gasto de capital de mil 37 millones de pesos y se reconocía que gran parte de esos recursos venían de una deuda crediticia.

Se reservó la información sobre el financiamiento de los segundos pisos durante 12 años. Lo que López Obrador no quería era que se supiera que toda esa obra se hizo endeudando a la ciudad y no con “presupuesto público, los impuestos de la gente”, como decían cuando se estaban concluyendo las obras. Todavía hay mucha información reservada en torno a ese financiamiento.

Otro dato. ¿Sabe usted cuánto gastó López Obrador en su imagen personal, cuando fue Jefe de Gobierno de la ciudad?

Según datos de la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Distrito Federal, las administraciones del López Obrador y Alejandro Encinas gastaron mil 209 millones de pesos en Comunicación Social, durante el periodo 2001-2006.

En comparación con esto, el gobierno de Enrique Peña Nieto, en el Estado de México gastó 646 millones de pesos en Comunicación Social, entre 2005 y 2011. Es decir, las administraciones de López Obrador y Encinas gastaron cerca del doble en Comunicación Social, de lo que gastó el gobernador del Estado de México.

Y ahora López Obrador presume en esta confrontación que ha tenido con Vicente Fox, que él sí cuidó las finanzas de la ciudad, cuando estuvo al frente. Una mentira más de López Obrador.

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Juego de espías

El espionaje político siempre ha existido, es una herramienta que a lo largo de la historia ha sido utilizada para neutralizar a los opositores, para adelantarse a sus movimientos e intenciones. Es ilegal, pero pocas veces es perseguido y castigado (Watergate es lo único que viene a la mente).

Espiar a periodistas y a activistas es condenable y deleznable, aun cuando sean militantes y carguen más con una agenda política que con una informativa. Porque además se vale tener y buscar intereses más allá del periodismo. Ahora bien, desde el punto de vista del espía, la labor del espiado es meramente política y, por lo tanto, mira a sus objetivos como adversarios en esa arena.

Sin embargo, hoy sería el momento perfecto para terminar de una vez con las dobles morales, para dejar de sacar de la chistera los valores que acomoden según sean las circunstancias. ¿Cuántas veces esos periodistas que se dicen espiados han difundido grabaciones de audio y video realizadas secretamente? Infinidad de ocasiones, y nunca se han detenido a pensar que ese producto noticioso deriva de una ilegalidad.

Como la nota vende, dado que es información atractiva, justifican la divulgación de grabaciones hechas sin el consentimiento de los protagonistas como su deber informativo. No existe una ley que les impida hacerlo, y la ética periodística se mueve en una línea muy delgada.

Además, es comprensible, ya que si de repente llega a sus manos un video en el que aparecen los operadores de López Obrador cometiendo un ilícito (Bejarano, Ponce, Eva Cadena, Yeidcol/Citlali, su hijito, etc.), pues se toma como un deber el difundir e informar la clase de pillos que son algunos de nuestros políticos.

Y también se vale no hacerlo según sea el interés del medio o del informador. Por ejemplo, algunos de los que se dicen espiados, según la nota del NYT, se reservan el derecho de divulgar notas que solamente deje en evidencia a los políticos contrarios a sus intereses; mientras que aquella que afecta el lugar donde tienen puesto su corazón, la dejan pasar.

Así las cosas, dudo mucho que este suceso vaya a derivar en una renuncia como la de Richard Nixon. Por una parte, difícil será probar que el Gobierno fue el autor del espionaje (aunque todos sabemos que no fue ni la Bimbo ni Bancomer). Y por otro lado, tampoco habrá un acto de contrición del periodismo que derive en la no difusión de material obtenido de manera ilegal o sin el consentimiento de las personas (por espionaje).

Por lo que toca a los espiados “representantes” de los 43 de Iguala, me parece que más que espionaje, la PGR debería ponderar el solicitar una orden judicial para hacerle seguimiento a quienes lucran con esa tragedia y verificar que no exista nada ilegal ahí.

En fin, el espía de tanto hacerlo, fue descubierto. Ni para es bueno. Pero, eso sí, que no quepa duda: larga vida a la libertad de prensa y de conciencia.

EDITORIAL

Escandaloso

Desde donde se le vea es escandaloso. El gobierno no ha dado, hasta ahora, una explicación fundamentada capaz de responder al delicado artículo del lunes en The New York Times.

Espiar a defensores de derechos humanos, periodistas, integrantes de organizaciones sociales y menores de edad, obliga al gobierno a una respuesta clara, pero sobre todo a tomar medidas profundas y drásticas al interior, e investigar de dónde vino todo.

Por el tipo de delito, indica que sólo se pudo haber perpetrado desde los aparatos de gobierno; son quienes tienen la capacidad para desarrollar este tipo de operaciones. No hacerlo es validar la información que evidencia lo que se ha hecho a lo largo de varios años. Se la han pasado espiando a quienes les “incomodan”, vaya a saber qué no sabemos.

El tema va más allá de lo escandaloso y lo es más si el Presidente no está al tanto de lo que eventualmente se puede estar haciendo en su propio gobierno. Si estuviera al tanto, el problema pasa a ser de consecuencias funestas.

No se descarta que estemos ante fuego amigo y que las autoridades pudieran estar siendo utilizadas, como parte de juegos políticos de poder. Sin embargo, esto no exime a nadie de sus responsabilidades, más bien los obliga a actuar y explicar en lo inmediato.

En tiempos en que la información es pública y se tiene una relativa facilidad para acceder a ella, no tiene mucho sentido espiar a quienes la producen. Sea como sea, el trabajo va a terminar por ser difundido.

A uno de los periodistas se le espió, siendo que buena parte de la información que ha dado a conocer, difícilmente se puede obtener de no ser a través de fuentes oficiales. No hay manera de conocer este tipo de informaciones, de no ser que procedan desde dentro, lo que no hace menos al trabajo periodístico. Espiar a quien va a dar a conocer información interna parece ser un sinsentido, están yendo contra el mensajero, quien está haciendo profesionalmente su trabajo.

Bajo esta lógica, lo único que se puede concluir es que si algo se quiere al espiar, es intimidar. Están metiéndose con ellos y sus familias, lo que incluye de manera reprobable a un menor de edad, buscando atemorizar y amenazar, a pesar de que saben que los procesos informativos no hay forma de frenarlos.

La respuesta del gobierno va a terminar echando por delante, que no se hace nada fuera del Estado de derecho, haciendo a un lado cualquier referencia a todo lo que tiene que ver con el programa que se utilizó para espiar, y que fue adquirido por el gobierno.

El programa Pegasus permite a través de algoritmos tener acceso a cualquier tipo de conversaciones telefónicas, con todos sus recorridos e historial. El programa sólo se vende de gobierno a gobierno, su costo es obviamente en dólares y es alto. No se vende para lo que presuntamente lo están usando, se busca que tenga otras funciones, que permitan una mejor gobernabilidad.

El escándalo todavía está en los terrenos en que pueda tener salidas, en la medida que se transparente e investigue de dónde viene todo esto. Al Presidente se le ha aparecido un frente brutal.

Como enfrente el problema, está la solución. Es escandaloso y nos regresa al pasado de las cavernas.

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El voto de Puerto Rico

La semana pasada los puertorriqueños acudieron a las urnas para votar por quinta ocasión en su historia, en un referéndum que trata de definir la opinión mayoritaria dentro de esta isla, sobre su relación con Estados Unidos.

Una aplastadora mayoría de 97% (matizada por una tasa de participación de sólo 22% de los electores) decidió apoyar la opción de la “Estadidad”, es decir, dejar de ser un Estado Libre Asociado y convertirse en el estado número 51 de los Estados Unidos. El resultado de esta votación no es vinculante para el gobierno en Washington, pero es parte de una lucha por tratar de impulsar el tema en la agenda norteamericana.

¿Por qué ante la opción de independencia del gobierno estadounidense, que ha mantenido a la isla bajo un estado práctico de colonia desde 1898, los puertorriqueños optan por integrarse como un estado más?

No hay una respuesta sencilla, ya que la situación jurídica y política entre estas dos naciones es extremadamente complicada; sin embargo, vale la pena delinear algunas líneas generales, que pueden ayudarnos a comprenderla.

En primer lugar, hay un componente muy práctico: Puerto Rico tiene una deuda colosal, que es inclusive más grande que todo su PIB. Al encontrarse a medio camino entre ser parte de Estados Unidos y no, las reglas le impiden declararse en bancarrota y tener más opciones para reestructurar su deuda. El actual gobierno considera que la mejor manera de enfrentar la situación, que le ha llevado a dejar de pagar sus obligaciones, es poder usar las mismas leyes que benefician a las entidades subnacionales norteamericanas.

Éste es el segundo elemento que debe considerarse: si Puerto Rico fuera un estado, paradójicamente tendría más autonomía, ya que adquiriría otros derechos que gozan otras entidades, como tener a dos senadores y seis congresistas en Washington, que es mucho mejor que sus actuales representantes con voz, pero sin voto. Igualmente, en lugar de subordinación con Estados Unidos, tendría una relación más horizontal, en línea con los principios federalistas.

Finalmente, en la práctica los puertorriqueños son ciudadanos norteamericanos de segunda: tienen la ciudadanía, pero son vistos aún como ajenos a Estados Unidos, ya que ni siquiera pueden votar en las elecciones presidenciales; por lo que una lucha por la integración de pleno derecho no es un apoyo a la sumisión, sino una visión de igualdad. Además, luchar por ser considerados como cualquier otro ciudadano norteamericano es de capital importancia, si consideramos que hay más puertorriqueños viviendo en Estados Unidos de los que hay viviendo en Puerto Rico.

En el otro lado de la palestra se esgrimen argumentos igualmente convincentes, ya que otra posible respuesta a estar sometido a un poder extraterritorial puede ser la independencia; sin embargo, entender ambas perspectivas es fundamental, para entender por qué los puertorriqueños son tan latinos como nosotros, pero al mismo tiempo más norteamericanos. El referéndum no moverá mucho en el corto plazo, ya que en Estados Unidos no hay una presión o interés por integrar a Puerto Rico, pero abonará a una necesaria discusión sobre la situación de la isla. Puerto Rico no puede seguir siendo una colonia.

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De izquierda, democracia y populismo

Las palabras “izquierda”, “democracia” y “populismo” se usan de muchas maneras. Esto desespera a algunos teóricos de la política que preferirían que dejáramos de usar esos términos para evitar la ambigüedad y las cargas conceptuales, históricas y emotivas que se han adherido a ellos. Esta estrategia me parece equivocada y peligrosa. Es equivocada porque si la gente sigue usando esas palabras es por algo: todavía siguen siendo útiles para expresar realidades. Es peligrosa porque no son los teóricos quienes deben dictar qué palabras se deben usar o no en el lenguaje político.

Lo que en México entendemos ahora como izquierda democrática tiene su origen en la diferencia entre ésta y la izquierda castrista, que preconizaba la lucha armada como vía para llegar al poder. Quienes lucharon a partir de 1960 para que en México hubiera un partido de oposición al PRI desde la izquierda pensaban que la instauración del socialismo en México no podía seguir el mismo camino que en Cuba. Éste es el origen remoto del PRD, un partido que surge de la unión de otros partidos y grupos políticos de izquierda —algunos más hacia la izquierda que otros— que coincidían en que para alcanzar al poder había que pasar antes por un proceso electoral.

En cualquiera de sus versiones, una de las debilidades de la izquierda ha sido lo que en la URSS postestalinista se llamó el “culto a la personalidad”. Tomemos el ejemplo de Corea del Norte. Como se sabe, en esa nación hay una dinastía familiar en la que se venera al líder como si fuera una especie de divinidad. Algo semejante pasó en la URSS de Stalin, la China de Mao, la Cuba de Fidel y la Rumania de Ceausescu, por dar unos ejemplos.

La izquierda democrática mexicana del último medio siglo ha tenido esa tentación con las figuras de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, es justo señalar que el PRD nunca se rindió por completo a ese peligroso culto a la personalidad. Basta con recordar que Cárdenas y López Obrador ya no son miembros de ese partido.

Hay quienes piensan que un PRD sin Cárdenas y sin López Obrador es un PRD debilitado. Yo opino exactamente lo contrario. Lo mejor que le pudo haber pasado a la izquierda democrática mexicana es desprenderse del fardo de quienes suponían que tenían una especie de derecho supra electoral para ser líderes incuestionados. En ambos casos, el de Cárdenas y el de López Obrador, se trata de figuras que se consideran por encima de los demás mexicanos por una especie de aura moral, histórica, quizá providencial, que los hace merecedores del poder, más allá de lo que el pueblo decida en las elecciones. Por esa razón, López Obrador —que superó por mucho a Cárdenas en esa inclinación— se pudo denominar a sí mismo “presidente legítimo”, porque aunque hubiera perdido las elecciones su legitimidad procedía no del ejercicio democrático, sino de otra fuente impoluta.

La izquierda populista entiende a la democracia como un medio, nunca como un fin. Reconoce que después de la caída del Muro de Berlín la lucha armada ya no puede ser el camino al socialismo y que no le queda otra alternativa que entrar en el juego democrático. Sin embargo, aunque no lo confiese, el populismo desprecia a la democracia: se aprovecha de ella para lograr sus objetivos. La relación política fundamental es la que se establece de manera directa entre el líder y el pueblo. Las elecciones son un estorbo para ese vínculo casi místico. La lucha democrática, desde esta perspectiva, es un sucio recurso de la oposición para impedir la transformación de la sociedad bajo la guía del líder supremo. Según la lógica del populismo, la democracia electoral siempre se presta a los intereses de los enemigos del pueblo; que López Obrador llama la “mafia del poder”.

En México tenemos la izquierda democrática del PRD y la izquierda populista de Morena. Llamo a Morena un partido de izquierda para no complicar más mi argumento; no ignoro que hay buenas razones para considerarlo sencillamente un partido populista. Por eso mismo pienso —como otros analistas políticos— que en 2018 la opción más importante no será entre la derecha y la izquierda, sino entre la democracia y el populismo.

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