EDITORIAL

 

 

 

La victoria de Javier Valdez

 

La pérdida del periodista Javier Valdez es enorme. Aun cuando los homicidas intelectuales y materiales sean identificados y sentenciados, lo que debe ocurrir, nada devolverá la vida al periodista; su familia y sus amigos padecerán un eterno vacío y nunca leeremos un nuevo texto suyo.

La sociedad sólo puede verse a sí misma en la libre circulación de informaciones y opiniones. Sin información de calidad, sin interpretaciones públicas, sin libertad, es imposible la conciencia de lo que se vive y es inviable la democracia. Javier Valdez lo sabía y por eso se empeñaba en saber y hacer saber. Su vocación, su tesón y su compromiso hacían inimaginable que renunciara a la profesión que fue ruta y destino de su vida, pero no le impedían saber el riesgo que corría. Sus múltiples testimonios revelan que estaba consciente de lo que podía pasarle y que asumía el eventual costo con valor y convicción, sin victimismos. Simplemente sabía que si seguía escribiendo, si seguía en busca de informaciones extraídas del submundo del delito, continuaría irritando a quienes se veían descubiertos con su trabajo.

Sabía, también, que el talante de los protagonistas de sus denuncias hacía probable que tal irritación desembocara violentamente en su contra.

A pesar de tanto riesgo consciente, lo suyo no era un suicidio lento, sino una lucha constante, una búsqueda con sentido, una batalla por la vida en contra de la muerte dolosa. Y, no obstante las evidencias de su valor, afirmaba que no se consideraba una persona valiente ni un héroe, sino alguien con dignidad. Dignidad, palabra inabarcable e imprescindible. Vivió intensamente porque su vida tenía un sentido. Le preocupaba la niñez mexicana, de la que llegó a decir: “tiene su ADN tatuado de balas, fusiles y sangre, y ésta es una forma de asesinar el mañana. Somos asesinos de nuestro futuro”.

Lamentaba también que el periodismo honesto, valiente, estuviera solo. Por eso, afirmaba, “si van contra nosotros no va a pasar nada”. A Javier lo asesinaron intereses necesariamente temporales, en tanto que su lucha tenía su raíz y aliento en la defensa de valores permanentes. Ésa es su victoria a pesar de que una primera lectura haga parecer que fue vencido por los agresores. Su victoria será socrática: “Es mejor padecer una injusticia que cometerla”, sostenía el filósofo hace 25 siglos. Si la fructífera vida y la injusta muerte de Javier nos hacen recordar este principio, por ésta y otras razones la semilla de su tarea será fértil en un mundo convulsionado, porque la frase invoca un razonamiento profundo: si se padece una injusticia, se duele la materia; si se comete, se violenta el valor de la justicia.

Más vale, pues, sufrir una injusticia en el cuerpo que tener el infortunio de actuar injustamente. Quería Javier quedarse hasta el final para apagar la luz. No pudo lograrlo porque antes voluntades asesinas intentaron apagar su luz. De los periodistas y de la sociedad entera depende que ese intento sea fallido. Desde ahora afirmo que lo fue. Tenemos que lograr que la muerte de Javier y de los otros periodistas privados de la vida no sea en vano.

EDITORIAL

 

 

Morena y su pacto con el diablo

 

No cabe duda que en política y en la guerra todo, absolutamente todo, se vale. Para prueba, el evento de apoyo a Delfina Gómez en Tlalnepantla, en el cual la candidata de Morena a la gubernatura del Estado de México se reunió con maestros mexiquenses pertenecientes a la sección 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

El episodio podría haber pasado como un acto más de campaña –es por todos conocido que Delfina Gómez es docente de profesión–, salvo por el hecho de que al evento asistieron Rafael Ochoa Guzmán, ex secretario general del SNTE de Elba Esther Gordillo, y Fernando González Sánchez, yerno de la misma Elba Esther y ex subsecretario de Educación Pública en el sexenio pasado.

Estos dos operadores de la ahora presa exlíder magisterial, llamaron a votar por Delfina y le ofrecieron el apoyo de 250 mil electores docentes, con lo cual quedó establecida una camaleónica alianza entre el partido de Andrés Manuel López Obrador y la maestra Gordillo, por más increíble que parezca, dejando muchas aristas de las implicaciones de este pacto.

Por un lado, se trata de una arriesgada apuesta de Elba Esther –literal su all-in, como se diría en el argot– por obtener su libertad y en contra de su entonces aliado en 2012, Enrique Peña, quien luego de asegurar la presidencia de la República, le asestó un duro golpe, mismo que la mantiene desde hace cuatro años en prisión –ahora hospitalaria, pero prisión al fin y al cabo.

Si la otrora intocable líder sindical acierta en su temeraria maniobra y el apoyo de lo que quedan de sus huestes le otorgan la gubernatura mexiquense a la candidata de Morena, se consumaría parte de su venganza política en contra de Peña y su partido, pegándole en donde más le duele. Y no sólo eso, sino que se perfilaría una segunda alianza de cara a los comicios presidenciales del próximo año. Pero de no resultar suficiente su apoyo, deberá hacerse a la idea de que a sus 72 años, aún le quedarán por venir muchos días más recluida. Por lo pronto, la maestra Gordillo puede olvidarse de sus intentos por salir de prisión antes de que culmine este sexenio.

Respecto a Andrés Manuel y su partido, no cabe duda que el apoyo de la SNTE puede significar el fiel de la balanza para que su candidata se alce con la victoria en el Estado de México y termine con más de noventa años de gobiernos priistas ininterrumpidos. Pero el costo político es altísimo, sobre todo en la carrera presidencial de 2018, pues se trata de un pacto con un personaje impresentable ante la ciudadanía, la viva imagen de la lacerante corrupción de este país, y quien en 2006 operó en su contra y lo privó de convertirse en presidente de México: Elba

Esther Gordillo, ni más ni menos. ¿Con qué cara Andrés Manuel podrá enarbolar el próximo año su recurrente discurso en contra de la corrupción y de la “mafia del poder”, teniendo abiertamente como aliada a Elba Esther?

Por último, el resto de los partidos han hecho mutis a lo largo de estos días, probablemente analizando muy a fondo cómo usar esta alianza en contra de López Obrador y su campaña presidencial, sin darse un tiro en el pie. Porque sin duda, este acercamiento entre Morena y Elba Esther –sobre todo en el caso de que con todo y el SNTE, Delfina no gane la gubernatura– será una dura y costosa crítica en contra de Andrés Manuel que formará parte de las campañas del 2018. Pero con el pequeño detalle de que la crítica provendrá de los mismos partidos que convenientemente también han pactado con La Maestra en diversos momentos y en diversas elecciones.

No deja de sorprender el nivel de la política que se hace en nuestro país. Pero bien dicen por ahí, uno nunca sabe para quién trabaja.

EDITORIAL

¿La Cuarta Guerra del Golfo?

Según la administración norteamericana, la primera visita que hará el presidente Donald Trump al extranjero al final de este mes, es de suma importancia para Estados Unidos y sus aliados, principalmente Israel. Su gira por Oriente Medio incluye Arabia Saudita, Israel y Palestina. Como todas las visitas políticas, esta tiene su agenda declarada y la oculta. Para entender el verdadero objetivo de esta gira habría que analizar las circunstancias que viven la región y cuáles son las ambiciones políticas y económicas del presidente norteamericano.

Trump tendrá reuniones con los responsables sauditas y está previsto que se sellen acuerdos de miles de millones en inversiones para la infraestructura de Estados Unidos. Algo que haría subir la popularidad de Trump por cumplir con su promesa durante su campaña electoral de crear nuevos puestos de trabajo e impulsar la economía de EEUU, además llevar a cabo su promesa de cobrar el costo de la protección que ofrece Estados Unidos a algunos países, entre ellos Arabia Saudita. Y también un acuerdo de cien mil millones de dólares en armamento sofisticado que obviamente no son para la guerra del Yemen ni de Siria, si no para algo más grande. En la agenda de Trump está previsto reunirse con los líderes de muchos países árabes y musulmanes Sunitas y encima su discurso sobre el islam sin duda son temas relacionadas con su agenda oculta (hasta el día de ayer) de crear un organismo militar formado por las fuerzas regionales parecido a la OTAN cuyo objetivo sería una guerra contra Irán. Incluso tiene planeado visitar la sede de la OTAN en Bruselas durante esta gira para asegurarse que transmitirá sus experiencias a la nueva Organización Militar de Oriente Medio.

Por supuesto no se puede excluir Israel de este grupo militar. ¿Pero cómo hacer que los árabes toleren la integración de Israel en esta OTAN mientras que continúe la ocupación de Palestina? ¡Aquí es donde entra Trump! En su visita a Tel Aviv no tocaría temas de discusión entre los palestinos y los israelís (como el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén que es reclamada por Israel como su capital total mientras que los palestinos reclaman la parte Este). Trump también se reunirá con el presidente de la Autonomía Palestina Mahmud Abbas, pero será una visita de relaciones públicas que no ofrecerá ninguna solución práctica al conflicto Palestino-Israelí porque su objetivo ahora es lograr la integración de Israel al OTAN de Oriente Medio.

En resumen, lo que está ocurriendo en la región se parece mucho a cuando triunfo la revolución iraní del Ayatollah Khomeini en 1979. En aquel tiempo las potencias encabezadas por Estados Unidos e Israel apoyaron la propaganda sectaria que abrió camino a la primera guerra del Golfo entre Irán e Iraq destruyendo ambos países, a consecuencia de aquella se encendió la segunda, luego la tercera… y ¡están tocando los tambores de la cuarta

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El verdadero sistema presidencialista

El presidencialismo, tal como lo conocemos actualmente, fue una invención de Estados Unidos. Los padres fundadores, como se le conoce a la generación de políticos que construyeron y redactaron los fundamentos del sistema político norteamericano, diseñaron la figura del Poder Ejecutivo para tener una gran cantidad de facultades y capacidades; sin embargo, siempre tuvieron muy presente la idea de limitarlo para que no pudiera convertirse en un poder despótico, como lo habían sido los reyes de antaño.

El Federalista, que es una colección de escritos para profundizar en el entendimiento de las instituciones norteamericanas, señala que la figura del presidente ofrece una “garantía republicana”, que implica la posibilidad de que los ciudadanos tengan la “oportunidad de descubrir con facilidad y nitidez la conducta debida de las personas en que deposita su confianza, bien con el fin de removerlas de sus funciones o de castigarlas efectivamente en aquellos casos que así lo exijan”.

El presidente no fue ideado como una figura de poder absoluto dentro de la República, sino como un elemento más de la maquinaria del sistema de pesos y contrapesos, con grandes poderes, pero también con grandes limitantes, que podía y debía ser removido cuando fuera tóxico para el debido equilibrio de poderes.

Donald Trump, tal como muchos presidentes que ignoran el hecho de que la presidencia no implica un dominio absoluto sobre el sistema político, ha hecho una jugada que ha amenazado este principio: de un plumazo eliminó al director de una agencia que tenía abierta una investigación sobre sus nexos con el gobierno ruso.

James Comey, exdirector del FBI, fue despedido la semana pasada, primero bajo la justificación de que había actuado de manera indebida en el caso de los correos electrónicos de la excandidata Hillary Clinton; después, con la aceptación de que había sido removido porque era incómodo para el presidente.

El FBI es una institución que se encuentra bajo las órdenes del Poder Ejecutivo; sin embargo, durante años se ha desempeñado también como una agencia con autonomía e independencia para el desarrollo de sus investigaciones y trabajos. Atacarlo por una incomodidad con el presidente revela a un Poder Ejecutivo con intenciones dictatoriales. Callar, amordazar o cooptar a las instituciones que se ciernen como un contrapeso es, en cualquier sistema presidencial, un llamado a activar esa “garantía republicana” para remover al presidente con aires de monarca. Tolerarlo y justificarlo es una amenaza para el diseño mismo de la institución presidencial: el sistema se convertiría en una dictadura si el presidente no pudiera ser cuestionado, investigado o confrontado.

El problema es que muchos de los beneficiarios de estos equilibrios no tienen ningún incentivo para enfrentarse al nuevo monarca, tal como han mostrado los republicanos en su silencio ante cada nuevo paso hacia el abismo de Donald Trump. Recordar las bondades de un Ejecutivo limitado es algo que no suele suceder hasta que es demasiado tarde. Por el bien de las instituciones norteamericanas, así como para los sistemas presidenciales del resto del mundo, valdría la pena no olvidar el espíritu original de la figura presidencial.

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Venezuela: una herida abierta

Todo alumno ansía superar al maestro. Nicolás Maduro ha dejado atrás a su antecesor Hugo Chávez. Sí, Maduro aventaja a Chávez en rubros importantes como la osadía de pretender legalizar su mandato autoritario y dictatorial. El mismísimo comandante bolivariano jamás osó proponer una nueva Constitución y generar todo un sistema legal que respaldara su gobierno, Maduro lo ha hecho al buscar convocar una Asamblea Constituyente.

El avance hacia una dictadura en toda forma ha sido lento pero constante. En estos 20 años hemos visto cómo el pueblo venezolano ha ido perdiendo sus libertades: presos políticos, ataques a la libertad de prensa, ataques a la iniciativa privada, elecciones fraudulentas, represión de manifestaciones, etc. Usted nombre el derecho, que el gobierno venezolano se encargará de violarlo.

Ante un panorama que abarca la peor crisis humanitaria que ha vivido este país latinoamericano y el claro rechazo de la mayoría de los ciudadanos al actual gobierno, la única maniobra posible es la manipulación de la democracia a manos del vendido Consejo Nacional Electoral. ¿Qué libertades políticas tienen los ciudadanos cuando el árbitro tiene puesta la casaca de uno de los equipos? Esto no es una democracia, es una dictadura disfrazada.

Desde hace años se sabe que una elección abierta y democrática terminaría con el régimen de Maduro, por eso es necesario cambiar las reglas de la democracia misma. Lo que queda son la insensatez de la represión, la trampa electoral y el cambiar las leyes del juego. Es un descaro que la OEA no debería permitir.

Las protestas populares ya han cobrado 39 muertos e incontables juicios a civiles en tribunales militares acusados por manifestar sus ideas, algo a todas luces ilegal. Parece que Maduro dijera “si es ilegal, cambiemos la ley”, asesinando todo estado de derecho y esperanza de resolución pacífica del conflicto.

El fututo de Venezuela está hipotecado. Las piezas de este ajedrez están comprometidas por igual y tanto el gobierno como la oposición —representando a la sociedad— saben que han llegado a un punto sin retorno. Maduro ha entorpecido tanto la situación que una salida libre de daños es imposible, una negociación es inminente. Sin embargo, cualquier pacto hará que partes de este régimen enfermo se preserven en una agonía larga que impedirá un golpe de timón certero que acabe con el sufrimiento de un pueblo que muere ante nuestros ojos.

Venezuela está encadenada al rumbo que le ha impuesto su gobierno y por elementos externos como la necesidad cubana de preservarlo en el poder. El fin está cerca, pero la caída de Maduro no implica más que un nuevo comienzo tortuoso y largo para recuperar la salud democrática.

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Secuestro de datos, el crimen del siglo XXI

En la historia del mundo se cuentan sucesos que alteran la vida de distintas sociedades y comunidades, dando origen a nuevos paradigmas que cambian el rumbo de la humanidad. Uno de ellos y que ahora vivimos es el surgimiento de la Internet, la puerta de entrada a la llamada era digital. La tecnología se ha vuelto parte indispensable de nuestro día a día, la forma en que nos comunicamos e interactuamos está cambiando y la tecnología ha modificado diferentes campos que tienen que adecuarse a este nuevo mundo digital.

Con estos vertiginosos cambios que afectan todos los sectores sociales, el crimen también aparece y se adapta a esta nueva era. Esto último quedó muy claro el pasado fin de semana, cuando vivimos un ciberataque sin precedente a nivel mundial, principalmente Europa. En este que puede llamarse el primer ataque digital simultáneo en más de 100 países, se hizo de la información de empresas, gobiernos y usuarios para pedir un rescate virtual. Esto significa que es el primer secuestro de datos como un acto criminal del siglo XXI.

Los piratas informáticos utilizaron un virus ransomware llamado WannaCry para secuestrar la información de los dispositivos que utilizan los sistemas operativos de Windows y así pedir un rescate a cambio de liberarlo. La presión para pagar el rescate empieza con cifras menores que conforme pasa el tiempo van en aumento porque la afectación en la red crece cada segundo que pasa y entonces el daño es mayor. La moneda que se pedía eran los bitcoins, el dinero virtual, el cual se puede encriptar para evitar su rastreo y no dejar huella del crimen.

En España se registró un ataque a una de las empresas mas importantes del territorio ibérico; la compañía de telecomunicaciones Telefónica. En el Reino Unido atacaron una serie de hospitales y centros de salud, dejándolos sin servicios digitales. Dos de los países más afectados por este ciberataque a los que también se sumó México. Este crimen digital fue una prueba de la vulnerabilidad en la que vivimos, en donde muchas veces no somos conscientes del alcance que tienen nuestras acciones en el mundo virtual. En esta ocasión se pudo contener a los ciberdelincuentes, pero los expertos afirman que es el principio de un nuevo modelo de crimen que tendrá en jaque a los usuarios de la web.

La pregunta ante estos ataques es ¿qué hace México para prevenirlos? Parece que la respuesta es obvia: nada.

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Lecciones desde Venezuela

Existen muchas maneras de definir y tipificar el populismo. Fue famosa la polémica suscitada entre los presidentes Peña Nieto y Obama cuando el primero descalificó esta forma de hacer política y el segundo la defendió, definiéndose a sí mismo como populista. Claramente no se estaban refiriendo a la misma cosa. Obama hacía alusión a un significado progresista del término; se refería a esos políticos del sistema estadounidense que, con una orientación de izquierda, han trabajado durante años por garantizar y ampliar los derechos de los obreros y la clase media en general (así, Bernie Sanders resulta uno “de los suyos”, como el mismo Obama lo expresó públicamente en otro momento). En cambio, Peña Nieto hablaba del significado histórico del término, que tan mal sabor de boca nos ha dejado en América Latina: regímenes que desdeñan (y destruyen) todo aquel orden institucional que no les favorece (o simplemente no les da la razón) y basan su poder político en dividir a la sociedad –en polarizarla para luego llevarla al extremo de la confrontación directa–.

Hoy vemos en Venezuela la encarnación contemporánea de ese populismo destructor. Lo que comenzó como un experimento contra el orden establecido y un golpe de timón hacia la izquierda, tomó como consigna, desde su triunfo electoral, el socavamiento de las instituciones políticas, económicas y sociales para acumular el poder en torno a la figura de Chávez. En poco tiempo ya no había un gobierno criticable y que se pudiera llamar a cuentas, sino una Revolución Bolivariana que debía ser defendida por el Comandante Chávez a toda costa. Y ya tampoco había una oposición legítima encargada de hacer el contrapeso político, porque quienes cuestionaran el proyecto bolivariano eran enemigos del pueblo, del gobierno y (lo realmente grave) del Estado.

¿Qué pasa si el líder carismático que ha acumulado tanto poder con el consentimiento implícito de los demás actores políticos (incluida la sociedad) muere antes de lo esperado y queda en su lugar un incompetente que, por saberse así, es aún más proclive a la represión y al uso de la violencia? ¿Cómo ponerle límites y llamarlo a cuentas si todos los instrumentos que existían para tales fines se le fueron entregando a su antecesor poco a poco, elección a elección, reforma constitucional tras reforma constitucional? ¿Qué hacer si la economía está colapsada y los opositores políticos están en la cárcel y el régimen sólo está buscando la manera de perpetuarse en el poder? Cerrada la vía institucional, no queda otro camino que salir a las calles…

El caso venezolano es un lamentable recordatorio para América Latina y el resto del mundo en una época en que los electores coquetean con la idea de los giros antisistema: nos recuerda que no todos los gobiernos autoritarios llegan al poder mediante un golpe de Estado o un movimiento armado, sino que hay muchos que llevan por la vía democrática y, pacientemente, combaten a las instituciones liberales democráticas desde su propio centro. Nos demuestra (de nuevo) que cada vez que una sociedad permite que un líder carismático se coloque por encima del orden institucional, está cometiendo un grave error.

No existe ninguna razón por la cual los votantes deban confiar ciegamente en los políticos. El voto se debe ejercer con mesura y con crítica, y luego debe monitorearse al elegido. Dar el apoyo una vez no es razón para no retirarlo nunca y estar en descontento con el orden establecido no significa que cualquier propuesta diferente que venga va a ser mejor. Ojalá que Venezuela supere pronto su crisis actual, sin grandes costos sociales. Y ojalá que el resto del mundo aprenda que las puertas falsas no son una buena salida… Siempre se puede estar peor.

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La pobreza tiene diferentes matices

La crisis que se vive en España no es ni de lejos como las crisis que se viven en América Latina, específicamente en México, en donde la pobreza sigue en aumento mientras nuestros gobernantes se dan vida de reyes y unos a otros se acusan de manera hipócrita y cínica de corrupción y abuso de poder, mientras que la impunidad los protege, por lo menos a la mayoría.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida, tres de cada diez españoles se encuentran en riesgo de pobreza, números de dos años atrás que muestran una mejora con respecto a 2014. Este sondeo confirma que hay sectores de la población española bien definidos que son más propensos a mantenerse dentro de este 28 por ciento que vive precariamente, como lo son extranjeros que llegan, desde fuera de Europa en busca de una vida mejor, las personas que se quedan sin empleo conocidas como los pardos y los jóvenes con menor preparación académica.

Sin embargo, más que hablar de pobreza, la Comisión Europea lo define como problemas de desigualdad. Esto quiere decir que las personas dentro de este umbral de pobreza relativa cumplen con al menos cuatro criterios de una lista de nueve, entre los que se encuentran el no poder salir de vacaciones al menos una semana al año; no tener presupuesto para gastos imprevistos; no poder comprar un automóvil, un teléfono, una lavadora y otros enseres domésticos, tener pagos atrasados del hogar y vivir del crédito, principalmente.

El umbral de la pobreza en México es distinto y más agudo. Ya quisiéramos que en la lista de nuestras carencias estuviera no poder salir de vacaciones o no tener para comprar un automóvil. A pesar de que la pobreza en España no es comparable con la pobreza extrema que se vive en México, y que la corrupción también está deteriorando al gobierno español, los dirigentes españoles constantemente tratan de hacer algo por los ciudadanos, mientras que en México nuestros gobernantes están más preocupados por enriquecerse y robar dinero del erario público que de solventar las carencias y las desigualdades del pueblo.

Sólo un dato de acuerdo con cifras oficiales, en México hay 50 millones de pobres, de los cuales 30 millones están en pobreza extrema; es decir, la mitad de la población tiene por lo menos algún problema de salud, alimentación, educación o vivienda, ya no hablemos de vacaciones o tener un vehículo.

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Los Defensores de la República

 

En el extenso panteón civil de Dolores de la Ciudad de México existe el lote de Los Defensores de la República y sus descendientes, bello nombre y muy a tono cinematográfico con salas de cine repletas de Guardianes de la Galaxia.

La gran diferencia estriba en que el lote en cuestión es real y es parte de la memoria histórica de nuestro país. El 14 de abril de 1856 el presidente substituto de México, Ignacio Comonfort, declaró por acuerdo la fundación de la Sociedad de Defensores de la Integridad del Territorio Nacional.

La denominación cambió en 1857 a Sociedad de Defensores de la República desde 1836 a 1848, y en 1886 fue la Asociación Patriótica de los Defensores del Territorio Mexicano en 1836 y 1867. Fue en ese año que el ayuntamiento de la Ciudad de México otorga a perpetuidad un lote especial en el Dolores, destinado a inhumar los restos de quienes habían empuñado las armas para defender a México.

En el lote de los Defensores yacen los restos mortales de mexicanos que combatieron en las intervenciones estadounidenses y francesas. Y de algunos que participaron en la Revolución Mexicana, aunque primordialmente es en honor a los que empuñaron las armas contra el extranjero que intervino al país durante el siglo XIX y la segunda década del XX.

Ahí están oficiales de la marina que combatieron los ataques estadounidenses en el puerto de Veracruz en 1914; integrantes de la Legión de Honor Mexicana, que era un cuerpo de reserva de personal tanto activo como retirado o en descanso del Ejército Mexicano, creado para conservar la experiencia ganada por años de servicios; militares que participaron en la defensa de la Ciudad de México el 14 de julio de 1840, contra el invasor norteamericano; veteranos de la guerra contra la invasión francesa y miembros fundadores de la Asociación Defensores de la República y sus descendientes.

Esta minúscula porción del territorio nacional es el sitio en el cual el Estado mexicano rinde tributo a los defensores de su integridad. Ese lote tiene las huellas del olvido, el abandono y el usufructo ilegal del mismo. Durante los últimos 35 años una familia la convirtió en bodega y la habilitó como precaria vivienda.

A los ocupantes se les pidió exhibir la documentación que acreditara su legal estancia dentro de un lote de Dolores; nunca lo hicieron. Los precaristas contaban con toma de agua potable, energía eléctrica, servicio de televisión de paga, gas, televisión con pantalla plana y ¿por qué no? una elíptica.

El martes 2 de mayo a las 8 de la mañana la delegación Miguel Hidalgo, auxiliada por la SSP de la CDMX, notificó y llevó a cabo la orden de ejecución directa e inmediata de recuperación del lote de marras. Ahora es momento de iniciar la etapa de restauración y revalorización de esa porción de nuestra historia que nos enseña que de mil héroes la patria aquí fue.

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Desafío al Estado

Sucesos de diversa índole dan cuenta de una violencia inaceptable, que debe ser frenada con acciones eficaces de prevención y aplicación de la ley, para impedir la impunidad.

La muestra es sólo de hechos recientes:

Ocho sujetos armados atacan a una familia en una carretera hacia la ciudad de Puebla. Los agresores privan de la vida a un niño de dos años y abusan sexualmente de dos mujeres. La cobardía del ataque revela el grado de descomposición al que puede llegarse, en un entorno de violencia que alienta al crimen y acosa a la población.

La sensación de poder e impunidad que presumen grupos delincuenciales, conduce al homicidio de tres choferes de transporte público a los que disparan a sangre fría en Ecatepec y Acolman. Los mensajes que dejan a un lado de sus víctimas no son para ellas, sino para quienes no quieren someterse a la extorsión, como intolerable amenaza de la ilegalidad sobre el esfuerzo honesto. La lógica es ofensiva e inadmisible: vivir del trabajo y de la muerte ajena.

En Reynosa, la disputa entre cárteles atrapa a la ciudad en balaceras, bloqueos, robos y ejecuciones, en un episodio más en los que la violencia impone la suspensión de actividades, la incertidumbre y el encierro de los habitantes en sus casas.

En Puebla, grupos de huachicoleros atacan dos veces unidades del Ejército y causan la muerte de cuatro militares. El franco desafío, durante el cual las Fuerzas Armadas abaten a seis delincuentes, revela el descaro sustentado en el poder económico y armado, que han alcanzado estos criminales, a los que el presidente Enrique Peña Nieto ha ordenado frenar en las zonas del país, en las que roban a todos los mexicanos con la extracción ilegal de hidrocarburos.

Los hechos mencionados no tienen relación directa entre sí, pero comparten un entorno enrarecido, que a su vez remite tanto al denominador común de la exaltación de la violencia, como al de la imaginable impunidad que suponen sus perpetradores.

El Estado debe estar por encima de ambas visiones absurdas: la violencia no es solución de nadie, ni siquiera de grupos criminales que basan en ella sus capacidades para delinquir; y la impunidad no debe ser recompensa de quienes agreden a personas y lastiman a la sociedad entera.

La aplicación de medidas preventivas, de la fuerza pública en su caso, y de la justicia en todos estos hechos, debe mostrar claramente que no hay margen para la cobardía asesina ni para el desafío a las instituciones de protección y seguridad pública.

Tenemos muchos retos en esta materia, pero más que abrumarnos y dejarnos llevar por la impresión de estar rebasados, los tres poderes de la Unión y los tres órdenes de gobierno deben actuar con eficacia para poner freno, en el marco de la ley, a la creencia de los criminales de que pueden llegar tan lejos como quieran y de que serán absueltos por la impunidad.

En este terreno no hay espacio para la resignación o la indiferencia. La recuperación de la paz y el orden no es una opción, sino la única vía para este país, que merece y demanda seguridad y certeza.

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