Testimonio de un neurótico: Negligencia

Antes de llegar al grupo de neuróticos anónimos pensaba que todo estaba bien en mi vida: tenía dos casas y dos familias, contaba con un cierto liderazgo social y laboral, me consideraba como una figura pública. Mi liderazgo había influido notablemente en una población y tenía acceso a determinadas instituciones que no todos alcanzaban. Por todas esas cosas consideraba que la vida me sonreía.

Sin embargo, a pesar de que consideraba que todo estaba a mi favor, comencé a padecer síntomas muy dolorosos: miedos, angustia, desesperación, no podía comer ni conciliar el sueño. Así fue como llegué a tocar las puertas del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos.

Con la terapia fui descubriendo la raíz de mis sufrimientos. Me di cuenta, entre otras cosas, que soy una persona negligente, y esto se remonta hasta mi niñez. Recuerdo, por ejemplo, que mi padre me indicaba: “Acomoda tus juguetes en su lugar”, y aunque eran pocos juguetes no quería acomodarlos, pues pensaba: “Al fin los voy a ocupar mañana”. Cuando mi madre nos invitaba a la mesa y nos servía el almuerzo nos decía: “Lávense las manos”, yo lo único que hacía era meter rápidamente las manos al depósito, según porque hacía mucho frío. Me bañaba cada ocho días, pues siempre encontraba pretextos para no hacerlo con frecuencia.

En la escuela mis actitudes de dejadez e indiferencia se repetían. Si el maestro nos dejaba aprender una poesía para declamarla en ocho días no me preocupaba en lo mínimo, sino hasta que faltaban unas horas para participar, entonces como desesperado me decía: “¿Dónde está la poesía?, ahora sí me la voy a aprender”. Sentía mucha angustia, pero ya para qué, si ya era inútil. Lo mismo me pasaba con las tareas, pues hasta el momento de irme a la escuela me preocupaba.

Durante mis estudios de bachillerato siempre llegué tarde a las clases  pues no me levantaba temprano, y en ese momento tenía que preparar la mochila. Me daba una vergüenza tremenda cuando me decían: ¿Otra vez tarde?

Cuando realicé mis estudios superiores repelaba internamente contra los maestros: “Son muchos los trabajos que nos imponen y más cuando son de un día para otro”. Continuamente pensaba que dejaría de estudiar y después retomaría la carrera. Por fin un día lo hice, pero al ver que mis compañeros sí lograban sus objetivos me enojé y me propuse regresar a la escuela.

La terapia grupal me ha dado la oportunidad de conocer mi manera de ser y me ha brindado experiencias concretas de cómo superar mis actitudes negativas. Por ejemplo, un problema legal que tenía ahora se está arreglando, y todo es gracias a la terapia de neuróticos anónimos.

 

*Anónimo